jueves, 15 de octubre de 2015

Maldito Alzhéimer…

Te has colado en la increíble mente de mi abuelo. Has hecho que se le olviden decenas de coplas que cada día nos cantaba, que no conozca a su familia, que no sepa cuántos años tiene y que se le olvide su anécdota del repollo, esa que tantas veces nos contó. Parecía que algo le decía que algún día la iba a olvidar y por eso la relató tantas veces, que incluso ya me la sé de memoria. Así ahora, yo se la puedo contar.
A veces, incluso te atreves a borrarle esa increíble sonrisa que alegra mis peores días, esos abrazos que reconfortan y miles de recuerdos que han marcado mi vida.
Algo tan injusto para una persona tan buena, que siempre lo dio todo por los demás, que no le molestaba hacerle un favor a alguien, que defendía a su familia pasase lo que pasase y que cuidaba de los suyos como nadie. No es justo.
¿Pero sabes qué? Que me quedo con sus días de lucidez. Esos días donde por un momento te vas de su mente. Esos donde por un increíble minuto sabe quién soy, donde me dice 20 veces que me quiere con locura y donde yo le digo que es el mejor abuelo. Y lo mejor es que él me entiende.
-           - Abuelo, ¡cántame una coplilla!
Y sé que se esfuerza por recuperar las decenas de palabras que formaban esas bonitas canciones, por rescatarlas del olvido. Y a trancas y barrancas, con una voz suave, canta lo que puede, porque tú, maldito Alzhéimer, le has robado ese torrente de voz que me ponía los pelos de punta con la primera palabra.
Qué impotencia me haces sentir. Algo que va convirtiendo cada día a quien fue la alegría misma en una persona cada vez más frágil.

Te quiero abuelo. Vas a ser siempre mi héroe.

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